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l erotismo es la capacidad que tenemos los seres humanos de vivir, experimentar, compartir y expresar el placer sexual. Hablar de erotismo es hablar del cuerpo, los sentidos, el placer, la individualidad y la cultura. Es perfectamente posible tener actividad sexual sin erotismo, pero es imposible que esta actividad sea plenamente satisfactoria si carece del elemento erótico.
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En nuestra sociedad existen diversos mitos que van limitando nuestro derecho al placer. Es importante recordar que nuestras ideas en torno al tema de la sexualidad se encuentran ampliamente influenciadas por creencias religiosas y de ellas se derivan acciones y costumbres que reproducimos de forma automática, sin cuestionarlas. Nos negamos el goce sexual pues hemos introyectado la idea de que el placer carnal es una tentación que nos aleja de nuestro deber principal que es el enriquecimiento del alma. Dentro de esta misma ideología, el placer sexual se permite si existe la posibilidad de procrear y si se realiza por personas unidas en matrimonio.
La educación sexual con la que contamos en nuestra sociedad es deficiente pues muchas veces se carece de información básica. La mayoría de la gente afirma nunca haber recibido educación sexual, pero esto es erróneo. La educación sexual informal es algo que todos hemos recibido y se compone de mitos, actitudes, creencias y conductas que se heredan de generación en generación y que, sin necesidad de clases, explicaciones o argumentos, se quedan grabados en nuestro inconsciente y marcan todas nuestras vivencias y sentimientos en torno a la sexualidad.
Al placer sexual y al erotismo, por no ser indispensables para la realización de la actividad sexual, se les resta importancia y no se les toma en serio. Existen muchos individuos, en especial del sexo femenino, que se pasan toda su vida sosteniendo relaciones sexuales sin sentir placer y sin vivir la intensidad de lo erótico. Uno de los grandes errores que cometen muchas parejas es el de buscar el orgasmo como finalidad principal y no el disfrutar de la totalidad de la experiencia, es decir, se busca la cantidad sobre la calidad. Nos obsesionamos con el resultado como si se tratara de una tarea que debemos cumplir y nos olvidamos de disfrutar el proceso. En la lucha por lograr más y mejores orgasmos buscamos obtener placer de la misma manera que evitamos el dolor, con recetas, pastillas y soluciones rápidas. Obligamos al cuerpo a adaptarse a nuestras expectativas, en vez de ser nosotros los que aprendamos a escuchar y satisfacer las demandas sexuales y sensuales de nuestro ser integral. |
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Otro error que cometemos es el de creer que el amor o la atracción física por sí solas nos darán el placer sexual cuando, en realidad, la construcción de una vida erótica plena y satisfactoria requiere de paciencia y esfuerzo. El principal indicador de un erotismo pobre es la vivencia de la desnudez como algo atemorizante. Vivimos en una cultura que castiga al cuerpo negándolo y obligándolo a encajar en estereotipos de belleza rígidos y absurdos. Los individuos que no logran amoldar su cuerpo a la moda en vigencia comienzan, generalmente desde su adolescencia, a sufrir su desnudez en vez de disfrutarla. Negamos el cuerpo al considerar que ciertas partes son demasiado sucias como para nombrarlas, tocarlas o conocerlas. Sólo basta recordar los sobrenombres tan ingeniosos que aprendemos para designar a los órganos sexuales, tanto femeninos como masculinos.
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Cuando hablamos de sexualidad y erotismo, no nos referimos a la vida sexual activa que inicia cuando encontramos una pareja. El conocimiento y desarrollo de nuestra sexualidad debe ser un proceso de toda la vida, que inicie con nosotros mismos en lo individual y continúe en conjunto con la persona que hayamos elegido como nuestra pareja. Si no hemos trabajado con nuestra propia sexualidad, difícilmente lograremos una sexualidad plena con alguien más. Es absurdo el pretender conocer y acercarnos a un cuerpo ajeno, con sus propias sensaciones, temores y sentimientos, cuando aún no lo hemos hecho con nosotros mismos.
En la búsqueda del placer privilegiamos la técnica sobre los principios. La mayoría de las personas buscan ser amantes perfectos para alimentar su ego y no porque realmente tengan un interés genuino en construir una experiencia especial con alguien. Algunos de los "debería" del sexo son el ser atractivo, el hacerlo bien, es decir, tener una buena "técnica", lo cual es absurdo ya que no a todas las personas les satisfacen los mismos estímulos; el hacer responsable a la pareja de nuestro propio placer y sentir goce o fingirlo con tal de hacer un buen papel olvidándonos de tenerle paciencia a los procesos de nuestro propio cuerpo. Pero, ¿de qué manera conectamos el cuerpo con el alma para construir el erotismo? Los sentidos son la clave. La vista y el oído, que son sentidos "de distancia" porque no implican contacto físico, se encuentran demasiado presentes en nuestro entorno. Los estímulos visuales y auditivos abundan y nos aturden. El tacto, el olfato y el gusto, sentidos "de cercanía" en los que es necesario establecer un contacto físico para estimularlos, se encuentran muy olvidados. El erotismo va más allá de posiciones exóticas, pomadas mágicas, cuerpos perfectos y multiorgasmos exagerados.
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Durante la actividad sexual estamos demasiado ocupados procurando vernos bien, oler bien y hasta oírnos bien, por la anticoncepción, por la relación de pareja, por "hacerlo bien" o "funcionar", fantaseando con alguien más o pensando en otra cosa… y se nos olvida SENTIR, lo que nos convierte en espectadores de nuestra propia vida sexual. Nos da la impresión de que el consumo de alcohol y otras sustancias que alteran la conciencia "facilitan" el intercambio sexual y esto es porque no hemos aprendido a "dejarnos ir" de manera natural. Somos una cultura que busca uniformar a sus miembros en todo, incluido el aspecto sexual. La "técnica sexual perfecta" es totalmente individual. Estamos demasiado concentrados en pechos y genitales. Esto nos hace olvidar el resto del cuerpo que también es rico en sensaciones. Nos enfocamos tanto en la penetración y el orgasmo que nos olvidamos de las sensaciones que nos llevan ahí.
El erotismo es darse permiso de sentir sin pensar, tener paciencia con el propio cuerpo y con el cuerpo del otro, ser auténticos y honestos, tener creatividad, responsabilizarse del propio placer, tener comunicación, permitirnos equivocarnos en la construcción de una relación sexual placentera y vivir la sexualidad como un placer y no como una presión o una tarea que hay que cumplir bajo ciertos "estándares de calidad" marcados por una educación sexual deficiente y arbitraria.
La sexualidad es tan amplia que nunca se termina de aprender. No se trata de ser experto sino de disfrutar de nuestro cuerpo cada día más, ya que el placer no es un lujo ni una obligación sino un derecho y el erotismo es, sin duda, esa parte fundamental de nuestra naturaleza humana que está esperando ser descubierta y aprovechada. |